XXXIII.-Cuáles son los medios más eficaces y oportunos que cabe aplicar a pueblos señoreados por el Liberalismo. Indice de "El liberalismo es pecado XXXV.-Cuáles son los periódicos buenos y cuáles los malos, y qué se ha de juzgar de lo bueno que tenga un periódico malo, y, al revés, de la malo en que puede incurrir un periódico bueno.

El liberalismo es pecado, Félix Sardà i Salvany

XXXIV De una señal clarísima por la que se conocerá fácilmente cuáles cosas proceden de espíritu sanamente católico y cuáles de espíritu resabiado o radicalmente liberal.

 

Vamos a otra cosa, a propósito de la última palabra que acabamos de escribir. La obscuridad es el gran auxiliar de la maldad. Qui malo agit edit lucem, ha dicho el Señor. De ahí el empeño constante de la herejía en envolverse entre nebulosidades. No hay gran dificultad en descubrir al enemigo que se presenta con la visera levantada, ni la hay en reconocer por liberales a los que empiezan de buenas a primeras a declarar que lo son. Mas esta franqueza no conviene ordinariamente a la secta. Así, pues, hay que adivinar al enemigo tras el disfraz, y éste es muchas veces hábil y cauteloso en gran manera. Añádase, además. que muy a menudo no es lince el ojo que lo ha de reconocer; se hace preciso, pues, un criterio fácil, llano, popular, para distinguir a cada momento lo que es obra católica de lo que es infernal añagaza del Liberalismo.

Sucede frecuentemente que se anuncia un proyecto, se da el grito de una empresa, se funda una institución, y el fiel católico no acierta a distinguir por de pronto a qué tendencia obedece aquel movimiento, y si, de consiguiente, conviene asociarse a él o más bien oponérsele con todas las fuerzas, máxime cuando el infierno harta maña se da en tomar muchas veces alguno o algunos de los colores más atractivos de nuestra bandera, y en emplear hasta, en ocasiones, nuestro usual idioma. En tales casos, ¡cuántos hacen el juego a Satanás, creyendo emplearse buenamente en una obra católica! Pero se dirá "Tiene cada cual la voz de la Iglesia, que le puede dar en esto perfecta seguridad " Está bien. Mas la autoridad de la Iglesia no puede consultarse a cada momento ni para cada caso particular. La Iglesia suele dejar sabiamente establecidos los principios y reglas generales de conducta; la aplicación a los mil y un casos concretos de cada día la deja ella al criterio prudencial de cada fiel. Y los casos de esta naturaleza se presentan cada día, y hay que resolverlos instantáneamente, sobre la marcha. El periódico que sale, la asociación que se establece, la pública fiesta a que se convida, la suscripción para la que se pide, todo esto puede ser de Dios y puede ser del diablo y lo peor es que puede ser del diablo presentándose, como hemos dicho, con toda la mística gravedad y compostura de las cosas de Dios. ¿Cómo guiarse, pues, en tales laberintos?

He aquí un par de reglitas de carácter muy práctico que nos parece pueden servir a todo cristiano para que en tan vidriosa materia ponga bien asentado el pie.

1.° Observar cuidadosamente qué clase de personas promueven el asunto. Es la primera regla de prudencia y de sentido común. Se funda en aquella máxima del Salvador: No puede un mal árbol dar buenos frutos. Es evidente que personas liberales han de dar de sí por lo común escritos, obras, empresas y trabajos liberales o informados de espíritu liberal, o por lo menos lamentablemente resabiados de él

Véase, pues, cuáles son los antecedentes de aquella o aquellas personas que organizan o promueven la obra de que se trata. Si son tales que no os merezcan completa confianza sus doctrinas, mirad con prevención todas sus empresas. No las reprobéis inmediatamente, pues hay un axioma de teología que dice que no todas las obras de los infieles son pecados, y lo mismo puede decirse de las de los liberales. Pero no las deis inmediatamente por buenas. Recelad de ellas, miradlas, miradlas con prevención, sujetadlas a más detenido examen. aguardad sus resultados.

2.º Examinar qué clase de personas lo alaban. Es todavía regla más segura que la anterior. Hay en el mundo actual dos corrientes públicas y perfectamente deslindadas. La corriente católica y la corriente masónica o liberal. La primera la forman, o mejor, la reflejan los periódicos católicos. La segunda la reflejan y materialmente la forman cada día los periódicos revolucionarios. La primera busca su inspiración en Roma. A la segunda la inspira la Masonería. ¿Se anuncia un libro? ¿Se publican las bases de un proyecto? Mirad si lo aprueba y recomienda y toma por su cuenta la corriente liberal. En este caso tal obra o proyecto están juzgados: son cosa suya. Porque es evidente que el Liberalismo, o el diablo que le inspira, reconocen inmediatamente cuál cosa les puede dañar y cuál favorecer, y no han de ser tan necios que ayuden a lo que les es contrario o se opongan a lo que les favorece. Tienen los partidos y sectas un instinto o intuición particular (oliactus mentis, que dijo un filósofo), el cual les revela a priori lo que han de mirar como suyo y lo que como enemigo. Desconfiad, pues, de todo lo que alaban y ponderan los liberales. Es claro que le han visto a la cosa o su origen o sus medios o su fin favorables al Liberalismo. No suele equivocarse en esto el claro instinto de la secta. Más fácil es que se equivoque un periódico católico, alabando y recomendando por buena una cosa que en sí tal vez no lo sea mucho, que no un periódico liberal alabando por suya una obra de las varias sobre que se entable discusión. Más fiamos, a la verdad, del olfato de nuestros enemigos que del de nuestros propios hermanos. Al bueno, ciertos escrúpulos de caridad y de natural costumbre de pensar bien le ciegan a veces hasta el punto de que vea por lo menos sanas intenciones donde, por desgracia, no las hay. No así los malos. Estos disparan desde luego, bala rasa contra lo que no se aviene con su modo de pensar, y tocan incansables el bombo de todos los reclamos en favor de lo que por un lado u otro ayuda a su maléfica propaganda. Desconfiad, pues, de cuanto os alaben por bueno vuestros enemigos.

Hemos recogido de un periódico los siguientes verismos que, si literariamente podrían ser mejores, no pueden ser, en cambio, más verdaderos.

Dicen así, hablando del Liberalismo:

¿Dice que sí? Pues mentira. ¿Dice que no? Pues verdad. Lo que él llama iniquidad, Tú como virtud lo miras: Al que persiga con ira, Tenle tú por hombre honrado; Mas evita con cuidado a cualquiera que el alabe; Si esto haces, cuanto cabe ya le tienes estudiado.

Se nos figura que con estas dos reglas de sentido común que más bien podríamos llamar de buen sentido cristiano, hay bastante, si no para dar fallo decisivo a toda cuestión, al menos para no tropezar fácilmente en las escabrosidades de este tan accidentado terreno en que andamos y luchamos los católicos de hoy. No se le olvide sobre todo al católico de nuestro siglo, que la tierra que pisa está minada por todas partes por las sectas secretas, que son las que dan voz y tono a la polémica anticatólica, y a las que inconscientemente se sirve muchísimas veces aun por los mismos que más detestan su trabajo infernal. La lucha de hoy es principalmente subterránea y contra un enemigo invisible, que rara vez se presenta con su verdadera divisa. Hay, pues, que olerle, más que verle: hay que adivinarlo con el instinto, más que señalarle con el dedo. Buen olfato, pues, y sentido práctico son necesarios más que sutiles cavilaciones y laboriosas teorías. El anteojo que les recomendamos a nuestros amigos no nos ha engañado a nosotros jamás.

 



XXXIII.-Cuáles son los medios más eficaces y oportunos que cabe aplicar a pueblos señoreados por el Liberalismo. Indice de "El liberalismo es pecado XXXV.-Cuáles son los periódicos buenos y cuáles los malos, y qué se ha de juzgar de lo bueno que tenga un periódico malo, y, al revés, de la malo en que puede incurrir un periódico bueno.